Julia y Brígida Ruiz son dos mujeres jóvenes que viven en el Madrid de finales de los años cuarenta. Julia es inteligente, egoísta y calculadora. Brígida es guapísima, bastante simple y mucho más cariñosa que su hermana.

A pesar de tener novio formal, Brígida se enamora de Beltrán, un estudiante de Medicina a quien conoce por casualidad y se lo confiesa una noche a su hermana. Julia llega a conocer a Beltrán en Madrid mientras su hermana se encuentra en Daimiel cuidando de su abuela y se las agencia para convencerle de que a su vuelta, Brígida se casará inmediatamente con su Tomás, su novio. Así consigue engatusarle y convertirse en su prometida, puesto que le considera un partido excelente para ella. Cuando Brígida regresa a Madrid se da cuenta de que no ha podido olvidar a Beltrán, pero que gracias a los tejemanejes de su hermana, se va a convertir en su cuñado.

Los acontecimientos se suceden y la familia Ruiz se rompe para siempre. En La alquimia de los elementos, seguiremos la historia de las dos hermanas, separadas para siempre por la casualidad seguida de un golpe de mala suerte que definirá sus vidas, en particular la de Brígida, que termina sola y muy lejos de su hogar, viviendo una vida que jamás habría soñado ni en la peor de sus pesadillas.

Manuel y Milagros son un matrimonio bien avenido que vive dentro de su aceptada monotonía. Tienen un hijo, Jaime, precioso y encantador que da muestras desde muy pequeño, de ser un niño frío, incluso cruel y muy inteligente. A medida que se va haciendo mayor, su frialdad y falta de empatía se hacen más presentes, pero nadie repara en exceso porque además de ser un joven muy atractivo, tiene la sonrisa más cautivadora del mundo y un encanto natural que enamora a cualquiera que trate con él. Jaime se vale de su capacidad para absorber la voluntad de la gente y de su carisma, para utilizarlo cuando y en lo que le conviene y dejar de hacerlo y desecharlos como si se tratara de un desperdicio, en el mismo momento en el que ya no le prestan servicio, haciendo y consiguiendo prácticamente todo lo que quiere, manipulando, mintiendo e incluso matando si lo considera necesario.

En El ángel del abismo, un Jaime en primera persona, cuenta toda la verdad a la vez que discurre la narración de la historia, surgiendo así una comparación entre cómo él ve su propia vida, cómo consigue que sus deseos se hagan realidad, riéndose de sus víctimas e incluso despreciando a cualquiera que le hubiera querido y los hechos objetivos relatados en tercera persona.

Al mismo tiempo asistimos a la vida del matrimonio formado por sus padres, una mujer amargada y obsesionada con la religión y un hombre aburrido, con la vida cuadriculada, al que un día se le cruza una mujer que le hará temblar los pilares de su ordenada existencia.

Sofía Matarranz Escudero - Relato Infantil y Juvenil - Novela

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